Charlas con el
árbol solitario.
Primer saludo:
La fe y la
voluntad.
La vida con sus extraños matices, el sol que no para de
caer sobre mí, el fuego del aire que me consume, el recuerdo de tiempos sin
tiempo.
Un pensamiento viene a mí, es el recuerdo de un azadón; escarba en los
rincones de mi mente, arranca fieramente los escombros que hay en mí.
Me encontré ese día bajo aquel mismo sol, En aquella misma mañana, ¡bajo el
mismo árbol!; este que me sirve de padre y hermano, de compañero y solitario confidente.
Dime árbol: ¿Cuál es el sentido de la vida?
Así me responde el árbol tras la agitación de sus ramas, y una lechuza, mi
amada Inanna observa pasivamente sobre una de sus ramas.
- ¿Me has preguntado sobre el sentido de la vida? Y yo hoz cuestiono; ¿has
ya conocido?
- sólo quien ha conocido la vida debe preguntar qué sentido tiene eso que está
más allá, ¿has visto la fuente de todos los colores? ¿Sois capaz de adivinar el
corazón tempestuoso de una mujer?
- ¡Si tal no has hecho, mejor será que no preguntes por cosas más elevadas
de las que permite tu visión!
Así la lechuza ve pasar por allí un pequeño gusano, que aunque grueso y
fuerte, no es así rival al carácter decidido y preciso de esta dama profunda.
Es preso el de aquellas garras poderosas; de aquella necesidad tempestuosa
y firme decisión.
Así veo la escena, más permanezco inerte, y digo al árbol.
- ¡dime si mi visión no es clara, que he adivinado lo que tengo de frente!
He comprendido lo que pasa allí, ¡he visto al gusano!, ¡he visto a la dama
profunda!
Así sigue el árbol burlón y pasivo.
- ¿y de que hoz sirve ver?: Has quedado perplejo al ver la fuerza de la
vida; ¡su decisión!
- mira como el gusano se retuerce entre sus garras, es tan iluso que piensa
que con ello logrará escapar de su destino.
- mejor será como hoz dije antes: "que no busquéis cosas que estén por
encima de vuestra voluntad".
- no es para los débiles que se han hecho las más grandes preguntas, y no
es ya solo a causa de tu entendimiento que lograrás los más gratificantes
resultados; ¡es con la voluntad!, ¡es con el nuevo espíritu!
Así le pregunto indignado y preocupado.
- ¿Voluntad? ¿Nuevo espíritu? Si mi alma ahora tiene un caudal, y ese
caudal se rige por la fuerza de mi espíritu, de ese el propio espíritu que da
sentido a la vida.
Es ahora el árbol, en la que parece una risa fuerte y burlona.
- ¡Jajaja! ¡Sí! ¡Ese que llamas espíritu ha nacido ciertamente de tu
naturaleza! ¡De tu más alta fuerza vital! Y es verdad que ese espíritu es el
más insondable de todos, es un espíritu accesible sólo a las más elevadas
almas, es su conocimiento la propia iluminación.
- ¡Pero hay también otros espíritus; estos nacen de la fuerza de la propia
alma! Un pensamiento cuando es fuerte y domina crea su propia voluntad: y ya sea
si se riega entre muchos, o entre pocos, o si es solo para uno mismo: su fuerza
le hace crear con su voluntad su propio espíritu.
- hay como ves muchos espíritus que nacen del propio espíritu, pero para
ser si propios deben nacer de ideas y almas fuertes.
Así pregunto al árbol con mis ojos extasiados y manos ansiosas.
- que es pues mi solitario amigo, aquella alma y espíritu que mencionan en
los libros de amor y fe.
Así me responde sereno, con el viento inerte sobre sus hojas de láminas y
oro.
- La fe es una de las mayores fuerzas del espíritu, este ve la fe como la
ciega verdad, no capaz de distinguir incluso a la propia lógica.
- ¡pero es que ha sido mal entendido!; cuando el ciego pone la fe sin saber
que espíritu la ha hecho posible; ¡tú debes!, si quieres tener fe, primero
inspeccionar el alma: la fe que hoz propongo mi querido amigo surge del querer:
¡Yo quiero! Y tengo fe en que lograré mi deseo.
- ¡no hay fe en los libros del saber! ¡No tienes fe en ellos!; Solo quien
sabe de la voluntad de las palabras; esta voluntad que se transforma en
espíritu. Solo si conoces la fuente de la fe: sólo así tú podrías realmente
creer en ella.
Así le digo muy confuso.
- no termino de entender mi amigo árbol.
El me responde risueño.
- por más que digas: "Yo tengo fe": si esta no es dorada con la
reflexión y el conocimiento de la fuente, por más que digas: “es mi fe”.
- seguirá siendo una fe falsa; una falsa fe contra la que renegara la parte
más oculta de vuestra mente. ¡Sí! Esa parte que esta velada incluso a ti mismo.
- guárdate mi amigo de ser bueno, si esto lo haces por fe ciega en los
antiguos libros: ya que tal remedio es un simple placebo, un bocadillo que será
digerido por los buitres hambrientos que habitan en tus pasiones internas.
- por eso estos que se dicen Buenos hijos, y llenos de amor y fe, son
quienes tienen aún dentro de sí a los más iracundos carroñeros; ya solo listos
para salir a devorar su débil voluntad y así trasformar su mal lograda alma en
un harén de vicios y bajezas.
Así le respondo con una sonrisa en mis labios.
- esta lechuza ha tomado al gusano, su fuerza y espíritu los encamina a su
deseo. No vive pensando en nada más que en sus crías, y su energía llega sin
hipocresías a los buches de sus hijillos.
- de ahora en más amigo: creare mi voluntad, haré de ella un concepto y le
daré la fuerza necesaria para crear mi propia alma y espíritu. Daré con ello un
paso hacia tener fe.
- Mas no la fe hipócrita del que se niega a sí mismo, si no la fe en la
certeza de que haré mi voluntad.
- Y no creeré sólo por creer; si no Hasta que identifique la fuente de esta
voluntad antigua: y si he de hacerla también mi voluntad; que sea con el
aderezo de mi propia cosecha; ya que he comprendido que una voluntad y un
espíritu trasciende los eones, pero muta, evoluciona, si así no fuese. Mejor
nos da ser gusanos y presas de una voluntad más poderosa.
El árbol se hace así más dorado y sereno, quieto ya, cierra sus susurros al
mundo.
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