mucho con relacion a la idealizacion y la creacion de ideales sobre las personas.
una historia de amor a las orillas de lo incomprensible.
El artificial.
Desde hace un tiempo venía visitándola a ella, no había día en el cual no llegará a recoger mis nervios en sus delicadas manos. Mis ojos pierden todo
matiz cuando anidan dentro de los de ella. Moralia es creo casi sin
equivocarme: ¡el amor concentrado en botella de Estilizado
perfume!; ¡Sensual,
delicada y de exquisita madurez!
¿Y cómo pues tal perfume no habría de
ser codicia de todo ser por cuanto le conozca? ¡Tal
es Pues la desgracia de toda la belleza! ¡Tal
es la desgracia de la rosa en un mar de zarzas!
Desde hace años
ella permanecía sola: decía que no gustaba el ser posesión de
ningún otro ser. ¡Así es ella! todo hasta que nos conocimos
en aquella noche bajo la lluvia.
Ella estaba al otro lado de la calle, viendo
como cada gota caprichosa se estrellaba en el suelo embebido de agua, ¡hastiado este de tanta humedad!
Así me
acerque a ella, le ofrecí mi compañía, y ella asintió con una delicada sonrisa.
Caminamos por las frías calles. Llegamos a su casa, así:
tras cerrar la puerta de la habitación:
El mundo cayó tras de nosotros; Me acerque lentamente
por su espalda: con mis dedos fríos y
cálidos recorrí lentamente su columna
vertebral, mientras escarbaba a través de
los broches de su vestido. Los adornos de la habitación transmutan en bella vegetación,
las paredes estallan; abriendo así paso al bosque. Aquellos terribles pitidos de los autos degeneraron
en cantos de pájaros inquietos.
¡El paraíso!: ¡mis manos sobre sus muslos!, ¡vertientes corren a través de
sus labios jugosos! ¡Frías y frondosas raíces dieron felicidad a la
caverna donde anidaban sus deseos! ¡En
ese instante fui el árbol más feliz del mundo! ¡Y ella la montaña más armoniosa y serena!
¡No podría haber otro paisaje en la naturaleza que duplicará nuestra majestuosidad!
Así
terminó nuestro primer encuentro, nos despedimos
con la llegada de los primeros rayos del día. Y
con mi último aliento le di un último beso. Deslizándome, y cerrando la puerta
tras de mí.
Con el paso de los meses nuestro amor fue
creciendo, al punto que me sería inconcebible la vida sin
el abrigo de sus bellos pensamientos, es esa su sonrisa que da sentido a todo mí ser. Su diabólica, sutil y delicada
belleza que simboliza lo plena, frondosa y fuerte que podría ser nuestra descendencia.
Pero así
como no existe en el péndulo un punto que pueda
llegar al cero: o en el vacío: algo Como el perfecto vacío. ¡Así no
hay noche plena de oscuridad! ¡Ni día repleto de luz!
Una vez caminaba a su casa. En la parte superior
de mis botas: una hermosa pluma de ave negra. Y en mi pecho: un pequeño pendiente que conseguí a
costa de mucho sacrificio. Así pretendía presentarme delante de ella. Más
antes de llegar a su casa, y en un pequeño
café: la vi departiendo y bromeando con un
gallardo joven. Se veía en ella la ilusión del amor, la pasión de la vida. Una mirada que
conocía a medias. Ya que en nuestros
encuentros nocturnos, siempre nos oprimía el
deseo y la desesperación.
¡Aquí más bien!: su sonrisa era pura y
tranquila. Ella se despide de él; rozando levemente sus manos. Y suspirando suavemente al verle partir.
Tal cosa nunca le vi hacer conmigo. Ya que era yo quien partía por las noches suspirando por ella.
La seguí ese
día, como siempre. Más ella fue inexpresiva ante
mí. La vi leer un libro sobre seres mágicos.
Partió a la cocina y dejó sobre la cama abierta la página
donde hablaba sobre los íncubos y súcubos.
El mensaje me fue confuso al principio, por un
instante pensé que aquel que yo vi era uno de esos
extraños seres: ¡pero
tal cosa no tendría fundamento!
Cada renglón de
aquellas páginas era como un espejo que reflejaba
sobre mi rostro la realidad de mí
ser. ¡Yo era aquel que tomaba de su vitalidad!
¡Ahora que lo pienso, no tengo ningún
recuerdo lejano!
Lo único
que sé sobre mi es que la amo. ¡Para mí no hay tiempo más atrás de cuando la vi bajo la lluvia!
¿De dónde he salido? ¿Que soy? vi más a fondo la habitación: y note algo que antes no
me pareció Fuera de lo natural: ¡Muchas repisas de libros!, ¡Muchas
pinturas de sutil oscuridad! ¡Un ambiente jovial!, ¡pero acre y ácido!
Salió de
la cocina y de sus hermosos labios surgieron estas palabras.
"¡ho...!
mi más hermoso artificial. ¡Nunca pensé que pudiera enamorarme de
un fugaz viento de mi delirio! ¡Sí!, en ti vi que la vida y el sentir es a veces más sutil: Que no solo lo que llamamos vida, es capaz de vivir. ¡Te libero mi hermoso íncubo artificial!, ¡ve y vaga por el mundo!: ¡Enamórate de toda bella doncella!, ¡cohabita
con toda hermosa razón!".
Así
colocó su mano derecha sobre sus labios, y
lanzó un beso a mi ser tambaleante. El suave
aire que salió de su boca lamió todo mi cuerpo; hasta disolverme y lanzarme
hacia el frío de la noche. ¡Allá en la fría
calle!, ¡donde todo comenzó! Allí la busco siempre, ¡mas no la encuentro!, ¡imposible es para mí recordar su rostro!, ¡lo único que guardo de ella es su delicado sabor!
Diariamente cohabito con las damas de esta
tierra, de este parque: En todas ellas buscó
aquella esencia maravillosa y embriagante, más así como no hay dos ramas iguales en el árbol
de la vida. Así no hay perfume que pueda comparar con
el de ella.
FIN.
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