miércoles, 4 de noviembre de 2015

El Fuego Fatuo

Historia de un ser sobrenatural, el cual llega al mundo de los seres humanos y se encuentra con algo para el inesperado.

una pequeña aventura para antes de dormir, los sueños son lo unico que interesa a los seres de la noche.




El Fuego Fatuo.

Viajaba sigiloso y fulgurante por  las ramas y entre los árboles; el Fuego Fatuo está acostumbrado a no prestar reparo a los peligros de la noche.

Cuando sus diamantinos y fríos ojos se fijan en la ciudad de los seres humanos; la naturaleza de su ser se ve llamada hacia una curiosidad mezquina.

Piensa en jugar en los parques y encontrar entre las bancas vacías algún recuerdo perdido y memorable.

Así en veloz vuelo parte rasgando el sereno viento; ¡su cuerpo de pura energía se ve alargado en neutral velocidad!

Su rostro maquillado de picardía; de electricidad y océano turbulento sus dilatadas pupilas.

Abiertas al máximo posible sus palmas y dedos de blancas raíces.

Una vez en el mundo diminuto de los hombres que se sienten grandes; sobre el más alto de sus edificios se aferra cual para rayos del cosmos; ¡cual desquiciado esqueleto en llamas  de  puro placer!

¡Son muchos los sueños que salen a danzar sobre los tejados!

Hay sobre las casas escenas de sensual e ilegitimo placer.

Incontables niños y nuevos juguetes.

¿Pero si es que habrá quizá algún sueño por encima de la vulgar y burda banalidad?

Salen a pasear las almas de los durmientes; más su temor ante lo desconocido y misterioso les obliga a mantenerse siempre cercanos al cuerpo, las pasiones y los placeres.

¡Les ve el Fuego Fatuo decepcionado!

Lo único que realmente le interesa  son las almas puras. Es solo con ellas que desea tratar sus recuerdos a cambio de su rico oro.

Como siempre él se decía a sí mismo: "- ¡Más vale un alma inquieta; que un puñado de monedas vacías!"

Cierto que el oro no le hace falta alguna: ha nacido el en el centro de una estrella, fábrica es el de oro al estallar como su indómita madre.

Es de las casas que brota como estampida el humo por las chimeneas, no es de verdad un humo producto de la quema de secos troncos; es el humo de las almas humanas al consumirse en el caldero de la sociedad.

Así se encolerizan sus ojos y se estremece de profunda ira, y por los aires rompe en gélidas láminas el oro reluciente y fino proveniente de su cuerpo de pura energía.

Es como filosas navajas de afeitar que cortan a su paso los cordones de plata; ¡son muchos los que no podrán regresar a sus cuerpos por la mañana!

Fija su mirada en una casa alejada de los bulliciosos escándalos: En ella una niña sueña tranquila y serena, es un aura de magnífica alegría la que domina su tímido ambiente.

En sus sueños un hermoso castillo y un tranquilo he inteligente príncipe que lucha contra el viento.

Corta su espada los sinsentidos de las palabras adultas, y a los monstruos creados por ellas para atemorizarle.

¡Este es un sueño a la altura del gusto del Fuego Fatuo!

¡Un sueño a la altura de los seres que siguen su propia naturaleza!

¡No podría menos que felicitar al padre de la pequeña por haber inspirado tan brillante y gallarda figura!

Se dirige fugaz y rampante; una sinérgica risilla lo acompaña y sus ojos se achican ante el rápido viento y la felicidad.

Del sereno es que proviene su voz de dragante susurro.

- ¡Nosotros los fuegos fatuos no creemos en la seriedad!

- ¡Quien conoce la sobriedad extrema; no sabe lo que es la madurez y la alegría!

Llega por fin al tejado de aquella humilde casita; su cuerpo se introduce en la chimenea mientras se estira y retuerce como chorro al ser dragado por el insaciable remolino.

¡Ha decidido este día no pedir nada a cambio de su oro!

¿¡Que sería de su justicia si quitará a esta pequeña a su príncipe!?

¡No hay oro que pueda pagar por los sueños de grandeza!

Se dirige a la habitación de la pequeña y deja junto a su cama un hermoso cofrecito de fina madera silvestre y, estampado de robusto y sólido pedernal negro.

En su interior las más delicadas joyas; ¡el oro más puro!; ¡un oro tan puro que nunca ha sido tocado por manos humanas! ¡No es oro de ninguna mina; nace de las propias entrañas de la más fulgurante estrella!

Piedras preciosas provenientes de las insondables profundidades terrestres; ¡allá donde ningún hombre es capaz de penetrar!

Anillos moldeados por eufóricos duendes al calor de sudorosas llamas, y pendientes de elfos locos: que enamorados de las constelaciones las trajeron en forma de joyas a la tierra.


Este fue el regalo dado por el Fuego Fatuo a la niña de puros sueños antes de partir nuevamente a las profundidades del bosque y danzar como flotante destello sobre los lúgubres pantanos.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Charlas con el arbol solitario; Quinto Saludo: el bien, el mal y el ser oculto

Un extraño personaje y sus platicas con el árbol solitario.






Charlas con el árbol solitario.

Quinto saludo.

El bien, el mal y el ser oculto.

Hoy es un día triste bajo los rayos de la luna. Sabe a demasiado silencio el espacio.

¡No hay una suave caricia antes de dormir!

¡No hay una sonrisa de amor por las mañanas!

¡He estado frente al espejo!; ¡Y es que he querido romperle en pedazos!

Por la madrugada me visita hoy el desvelo: me cuenta el de las desventuras de los hombres y mujeres.

Me platican así también las estrellas y las velas a medio quemar.

- ¡Mira que nuestra vida se agota!

- ¡Y mira también que no tenemos suficiente tiempo, como para perderle en la tristeza!

¡¿Que si no había entendido yo aquel mensaje?!

¿Qué es eso que me impulsa a amar u odiar?

¿Qué es lo que me motiva al bien? ¿Qué es lo que me incita a hacer el mal?

¿Por qué siempre quiero ser, lo que se me ha enseñado a ser?

¡¿Ir por la vía segura, y de impuestos ideales?!

¡La lucha y el conflicto de toda alma, es no poder ser lo que en profundo secreto anhela!

¡Y como dijeron estas velas!: ¡”Hay que tratar de brillar siempre, ya que tarde o temprano este combustible se acabará”!

Así duermo y sueño: ya que lo sueños nunca mueren realmente.

Dormí y soñé toda la mañana y el día, no fue sino hasta por la tarde que me sentí nuevamente motivado por el viento.

¡El árbol solitario me esperaba ansioso!

Mas este día nadie me acompañaba en el camino.

Ya en la salida, en una de las últimas casas del pueblo: la que colinda justo entre el mundo de los hombres y el profundo bosque.

Fue en ella donde contemplé la escena que tanto llamó mi atención: Salía un campesino: el cual seguro trabajaba cuidando algún cultivo en las montañas, o en un pueblo vecino. Quizá también se dedicara a la cacería esa noche.

Su mujer se queda en la puerta viéndole partir: en sus gestos un aire de pérdida y resignación; con la típica abnegación de quien ve repetirse la misma escena diariamente.

¡Me es todo  muy hermoso!, y decido sentarme en un cerco de piedra a orillas del camino; y Allí reflexiono sobre lo maravilloso de todo aquello.

¡Cuando he aquí!, que con el paso del tiempo; otro hombre toca a la puerta de la humilde mujer.

Ella le abre: El acaricia su rostro y sus cabellos, y asi; lleno de premura y lujuria la  introduce dentro de la húmeda habitación.

El asco llego a mí como ave de presa, y decido entonces huir de aquella turbulenta e incómoda escena.

Fue ya por la noche que llegue a donde mi solitario amigo.

Su serenidad en medio de los aires nocturnos era majestuosa, ¡una inmensa paz que no tiene igual en el mundo de los seres humanos!

¡Hoy de verdad me asaltaba la soledad y la tristeza!

Una hoja colgaba sutilmente: No era ya casi nada lo que la mantenía unida a la tímida rama.

Así es pues que le digo a mi amigo.

-  ¡¿Dime porque sufro?!

- ¡Es que mira que no logro entender el misterio de mi congoja!

Por los aires escucho el silbido de mí amada Innana: ¡Es la hermosa lechuza llena de sus blancos dorados!

Se posa ella sobre una de las más altas ramas, y es entonces que me responde mi amigo árbol.

- ¡No hay nunca en la vida momentos ajenos al sufrir!

- ¡Así como no hay tampoco alma dueña del todo de sí misma!

- ¡¿Podrías tu; definirme el mal?!

- ¡¿Podrías tu; aclararme el bien?!

Así le respondo entonces algo molesto al árbol solitario.

- ¡Es el mal lo contrario al bien!

- ¡¿Pero cómo definirte el bien, si es muchas cosas y no solo una?!

Una brisa suave mueve las ramas del árbol y este me contesta.

- ¡El mal no es el contrario del bien, ni tampoco el bien es el contrario del mal!

Le interrumpo yo, resistiéndome a su filosofía; Así como lo hace el adolescente que se niega a recibir los consejos de un sabio padre, creyendo que su efímera experiencia puede superar a las largas cavilaciones de los viejos.

- ¡Hoy he visto verdaderamente el mal!

- ¡Una mujer que sin pudor alguno ha traicionado el amor de su marido!

El árbol me responde pasivo y sereno.

- ¡Tu haz visto una escena, la cual dista mucho de ser la novela completa!

- ¡Todo los que se creen dueños del bien y del mal, se convierten en duros jueces de lo propio y ajeno! ¡Son por tanto siempre víctimas de la culpa y el resentimiento!

- No confundas por favor esto con la justificación, sino más bien que hay muchos cabos, los cuales por serte desconocidos no has sido capaz de atar.

Pregunto entonces ya más calmado al árbol.

- ¿Qué define entonces lo bueno y lo malo?

El me responde mientras en su interior pululan inquietos los insectos nocturnos.

- Lo bueno y lo malo es definido por los hombres para defenderse de sus semejantes.

- ¡No creas por tanto en ellos como una ley o causa del universo!

- ¡Allí donde hubo algo que proteger!; ¡se le llamo bien!

- ¡Allí donde hubo algo de que protegerse!; ¡Se le llamo mal!

- ¡Una casa, un sentimiento y una caricia!

- ¡Un ladrón, un grito y un golpe!

- ¡¿Sera que soy lo suficientemente claro?!

Así le respondo entonces, mientras mi rostro es iluminado por los tímidos rayos de la luna que atraviesan a través de sus ramas.

- ¡Ho…! ¡Si es que has sido demasiado claro!

- ¡Hay siempre dentro de mí un ser, que desea eufórico salir a cantar!

- ¡Un ser que nunca se sacia, y que ahogo a diario entre lo correcto y lo incorrecto!

- ¡Alguien que dentro de mí: no me distingue a mí mismo!

- ¡Es el al que siempre freno: Engañándole y prometiéndole futura libertad!

Así la hoja que estaba ya por caer, decide soltarse de la rama y estrepitarse al lejano suelo.

Me dice entonces mi amigo árbol.

- ¡Tú no puedes engañar a este que vive dentro de ti!, ¡Con esa actitud lo único que conseguirás es decepcionarle y empujarle al suicidio!: ¡A la muerte!

- ¡El siempre busca la grandeza de sí mismo!; ¡El solo busca que tú le encuentres!

- ¡De cierto te digo; Que cuando este ser interno se entrega a la muerte y la resignación; es cuando aconseja para todos la desdicha!

- ¡Celoso es el ser interno! ¡No desea nunca que nadie le supere!: ¡Y si no ha de ser escalera, será entonces piedra de tropiezo!

- ¡Así es como todos estos seres muertos; buscarán siempre destruir, ya sea con la burla, el sarcasmo o el desprecio!

- ¡Incapaz es el cadáver de distinguir la virtud ajena, imposible le es  reconocer el mérito del vecino y la grandeza de sus coetáneos!

- ¡Acompáñate siempre mi amigo de seres que aun, como tu viven por dentro, y sois capaces de añorar en el futuro del hombre, y no solo de sí mismos!

- ¡Son aquí las almas muertas, las más llamadas a llenarse en las falsas riquezas del oro y el complejo de superioridad!

Digo entonces yo al árbol.

- ¡He comprendido que todos llevamos dentro a nuestro pequeño niño: es el quien nos avisa de la alegría y de los grandes sueños!

- ¡Y es que un alma, cuando logra salir a la superficie y rompe fieramente las cadenas de lo impuesto; es cuando se da cuenta que él es dueño de sí mismo!, ¡Esa es verdaderamente la única libertad posible!

- ¡desea esta alma ser héroe, y no anhela solo su bienestar!, ¡Y es tal; que como grávida y brillante fuerza, despierta en sus cercanos un alzamiento!

- ¡Algunos le orbitaran como planetas, mas nunca un sol a de mantener por siempre a sus comensales!

- ¡Hoy ya no creo mi amigo; en el bien y el mal!

- ¡Hoy creo!; ¡En mí mismo!

La luna asoma por detrás de la imponente copa del árbol, y mi amada Innana parte en busca de su hogar en las altas montañas.

Se torna entonces el árbol más lejano e íntimo, quieto ya, cierra sus susurros al mundo.

miércoles, 29 de julio de 2015

Charlas con el arbol solitario; Cuarto Saludo: el espejo y los sentidos

Un extraño personaje en sus platicas con el árbol solitario.





Charlas con el árbol solitario.

Cuarto Saludo:

El espejo y los sentidos.

Había decidido ese día no hacer nada más que descansar; el levantarse demasiado temprano siempre me ha parecido antinatural.

Me gusta cuando al despertar es el sol quien rasca suavemente sobre mis párpados.

¡No he querido desayunar!

Deseo únicamente undir mi cuerpo en el arroyo.

En el arroyo.

Nunca nada podrá igualar a esta agua fresca y dulce; de frías corrientes y ecos lejanos.

Veo a la distancia un charco claro y de fondo oscuro, a él me dirijo en la total desnudez.

¡Y mira que no encuentro nada más que mi reflejo!

Me veo en esta mañana; alegre y sonriente, ¡vivaz y profundo! ¡De una majestuosidad increíble!

¡Así! enamorado de mí mismo, sigo viéndome sin parar.

Lentamente mi rostro, con el paso de los minutos, se torna hacia mi cada vez más ajeno: sutilmente veo trasformar de hombre a mujer mis gestos.

¡No soy yo, quien está en ese reflejo!

Más si es alguien a quien amo mucho, alguien a quien solo he visto en mi imaginación: ¡A mi bella imago!; la mujer de quien seguro me enamorare algún día.

¡Ha...! Si esto no ha estimulado de gran manera mi imaginación.

¡Ha...! Si esto no ha tocado la fibra más sensible de mi curiosidad.

¿Cómo es posible que yo tenga dos mismas percepciones de los reflejos de este espejo?

¿Miro yo el mundo de una forma diferente y única? ¿O es que ya está definido todo sobre los colores?

Así decido levantarme y seguir mi camino. Hay un sinfín de preguntas que acojo en mi corazón, y las atesoro como aquello que me hace único.

¡Un ser se diferencia de los otros por el tipo de preguntas que hay dentro de él!

Retire mi rostro del reflejo y coloqué nuevamente mis ropas; más sentía juntó a las mías a otras manos que me ayudaban a asegurar los broches y botones del pantalón; de la camisa; ¡de todo mi ser!

Al caminar no eran solamente mis pasos los que por el camino iban...

Me vi entonces caminando en compañía: es una bella fantasma quien a mi lado va contemplando el mundo.

¡Por algún motivo; yo sabía que ella era dueña de mis ojos!

¡Por algún motivo; ella sabía que mi visión le pertenecía!

Mas no veíamos lo mismo; para ella las flores contenían aún más vida y emociones.

No eran nada más un perfume; ¡eran destellos de alegría!

Sentí a yo por su piel lo ligero del viento,  por su nariz, lo impuro de los charcos y estanques, lo delicado de una caricia, y el frío de los aires ajenos.

Cercano a ambos pasa sinérgico y alborotado el enjambre de mariposas: ¡ante ellas quedo petrificado!, ¡como simple espectador de hechos milagrosos!

Ella sonríe finamente y extiende sus brazos, deja al enjambre circular por todo su cuerpo; tal como si este fuera la corriente de un turbulento rio y la bañara de alegría.

¡Qué abismal la diferencia entre un ser y otro!

¡Cómo la percepción toma diferentes sentidos, en dependencia de los ojos que miren!

¡Puedo ver a través de su mirada!; son distintos los tonos de la hierba, los sonidos lejanos no existen, los ecos de tiempos olvidados cantan alabanzas a cosas que jamás había pensado.

Sus risas son más pícaras y potentes; como un dique a reventar es la consciencia queriendo retenerlas: ¡es una mirada tierna! ¡Es un chiste inocente quien la hace estallar tibia y fulgurante!

¡Ho! ¡Si habían visto mis ojos tan hermosa sonrisa!

Llegamos; y es ella la que corre a abrazarle, no limitándose ante la idea de un rechazo; le añora tanto que sabe será bien recibida.

Sube a las frondosas ramas, y se pierde en aquella abstracción maravillosa. Allí aguarda el momento para nuevamente dar vida a las más prodigiosas ideas.

Así le digo entonces a mi amigo árbol.

- ¿Qué es mi amigo y compañero lo que me ha pasado hoy?

Una leve brisa comienza a caer; llenando en un nuevo verdor las hojas del árbol.

Hay en una rama fuerte y robusta dos hojillas, que creciendo paralelas buscan la forma de ser libres.

El recio viento les arranca de improvisto; las aleja de la protección paterna, mientras caprichoso y burlón se divierte con ellas.

Luchan en caída; ¡queriendo resistirse al destino!

Y si es que han de juntarse de nuevo; que sea también en el justo momento; ¡ni antes, ni después de haber respirado por suficiente tiempo de los aires del mundo!

Se reconocen la una a la otra; más ignoran en todo sentido que su parecido viene dado porque compartían del mismo alimento; cuando no;  de las mismas crianzas y costumbres.

Danzan juntas mientras caen al suelo, y por fin convertirse en el fecundo abono del futuro.


La brisa evoluciona de súbito en ventisca, y es entonces cuando pregunto al árbol solitario:

- Saludos, mi fiel y sabio amigo, he venido este día a ti, como lo hace el justo frente al altar, mas no he sido solo yo, ya que he visto en mi mismo, más de una garganta.

- Son pues varias voces las que por mi boca se pronuncian, son más de unos ojos, los que en este día te saludan.

Una pequeña sacudida da paso a las siguientes palabras por parte del árbol:

- ¿Si? ¡Ya veo! ¡Sabes mi amigo, que desde hace tiempo has venido siendo engañado!

Arqueó levemente mis cejas y cuestiono al árbol.

- ¡A mí! ¿Dime, quien me ha engañado?

Un aire de serenidad y sosiego llena el aura del árbol.

- Los más grandes mentirosos, que caminan a diario con todos los hombres y mujeres, esos tus propios sentidos.

- Lo que hoz muestran vuestros ojos; es la más grande de todas las mentiras posibles.

- Eso que hoz hace creer vuestro olfato, no es sino una lamentable calumnia hacia la esencia de las cosas.

- Lo que tus manos tienen por Frio, tibio o caliente, solo llega a llamar Como tres estados, a categorías que rozan el infinito en alguno de sus polos.

Así le interrogo de la siguiente forma.

- ¿Donde está pues la verdad? ¿Dónde la esencia de las cosas?

El árbol parece sonreír al pasar un saltamontes de una de sus ramas a otra.

- ¡La verdad no es sino un sueño para seres que como nosotros somos esclavos de los sentidos!

- Debes siempre que desees ser objetivo, analizar al máximo la cosa de la que buscas su causa y su razón de ser, y no pienses tampoco que esa razón es lo más elevado sobre la cosa que es objeto de tu verdad; ya que es una verdad solo tuya y por tanto permeable a más poderosos y precisos análisis.

- Con esto te digo que nunca haz de creerte dueño o señor de tu verdad que, aunque lleves a su máxima perfección, ese máximo está limitado a ti mismo.

Colocó entonces mi mano izquierda sosteniendo mi barbilla y entrecerrando mis ojos pregunto nuevamente al árbol.

- ¿Pero y quien es entonces la que me ha seguido hasta aquí?

Me responde el árbol al ver yo fijamente la frondosidad de sus raíces.

- Todo hombre y mujer, lleva dentro de sí varias almas, hay varios, y no solo tu habitando dentro de ti.

- Estos algos provienen justamente de las circunstancias externas e internas de ti mismo.

- Estos seres se tornan así buenos o malos, a raíz de las circunstancias, y ellas mismas son al final quienes dictaminan su propia moral.

- Tú eres producto de lo que se te enseña a desear, de lo que se te enseña a amar, de lo que se te enseña a creer.

- Debes si quieres la sabiduría; forjar para ti una nueva moral, o como te enseñe antes, un nuevo espíritu, propio para ti.

- Ella no es sino, otro de tus YO, lo que tu mente interna anhela de una pareja en tu máximo interior, es por tanto tu gemela en algunos aspectos, y te ha también superado en otros.

- El hombre y la mujer son seres complementarios, pero tú la buscas ciertamente, siguiendo el criterio de tus más profundos anhelos: vive ella dentro de ti, y es el inconsciente tan preciso, que hasta hoz muestra lo que ella misma debería sentir.

- He aquí del porque muchos se desilusionan al no encontrar lo que buscaban, ya que le han idealizado a tal punto, que nadie sería capaz de encajar con ese poderoso fantasma.

- Si no es aquí el engaño de las emociones; que cuando enamorados vemos en el ser amado todas esas cosas que anhelamos y soñamos, enterrando así en un baúl todo lo que sea contrario a este ser idealizado.

- Nunca debes mi amigo, idealizar al ser amado, ya que si no, andarás siempre andando al lado de ese fantasma, que tal como ha venido de repente y sin avisar guiado por los latidos de tu corazón, así de fácil desaparecerá ante el cambio súbito de tu mirada.

Así digo alegremente al árbol.

- ¡Me ha quedado ya muy clara la naturaleza de ese ser que he visto lleno de majestuosidad! Y así como no debo hacer de mis sentidos internos y externos un criterio de verdad, tampoco deberé negarme del todo a lo que me dicen estos en secreto.

- Iré ahora por el mundo con profunda cautela, primero disfrutando, ¡capturando!, y cuando no, ¡lo importante!, tratar de objetivarlo a mi máxima esencia posible.

La mujer fantasmal cae de las ramas idealizadas en su copa.

¡Toma consciencia de sí misma!

Observa tímida hacia la rama de la cual cayeron las dos hojillas; se acerca sonriente y tímida; besa mis labios suavemente: y asi; sin voz, y a fuertes susurros; cita nuestras almas bajo el árbol de la vida y, ríe dulcemente mientras se desvanece en el frío y húmedo viento de la tarde.

Me dice el árbol.

- ¡Nunca debes mi amigo dejar de buscarla!

Ahora sé que ella puede existir, solo he de buscar en la rama apropiada del árbol de la vida.

Se torna entonces el árbol más pasivo y erguido, ¡quieto ya! cierra sus susurros al mundo.

sábado, 25 de julio de 2015

El Monstruo

Un hombre llega a una casa abandonada, en donde encuentra a un extraño inquilino.
Se encuentra en una esquina observando fijamente un delgado rayo de luz solar.






El Monstruo.

Hace ya varias horas que vengo contemplando esa vieja casa abandonada: hay en ella algo que me llama con intriga.

Me decido pues a entrar, me recibe un ambiente lúgubre; ¡muerto!, de olor a antiguo y olvidado.

¡Cada esquina!,¡cada pared da gritos de dolor!, ¡de un dolor que sólo pueden captar las más profundas almas!, ¡un dolor, que aunque quizá este en mi interior; no me es posible interpretar!

Entro en una de las habitaciones, y hay en ella sólo viejos colchones y el típico moho de las zonas olvidadas.

Me dedico a recorrer aquel maléfico lugar, y tras un rato advierto una puerta entre abierta, me acerco temeroso y fatuo.

En su interior encontré entre los viejos libros, y las pociones prohibidas; a un tranquilo inquilino; el cual sonreía a solas, acariciando con dedos frágiles a sus propias ideas.

Así le pregunto confuso.

-¿Quién eres? ¿Qué ha pasado aquí?

-¿Porque no sales a contemplar el bello día?

Asoma un rayo de luz solar por un hueco entre las hendiduras de una ventana cerrada con tablas de madera. El mira fijamente su fino resplandor y me dice.

- ¿Salir?

Al decir esa palabra una sonrisa irónica se dibuja en su rostro, así le digo.

- ¡Sí! salir, sal a experimentar las emociones, ¡a conocer!, ¡a no temer!

Torna su rostro hacia mí: me dice con voz profunda y labios secos y corrugados.

- ¡A que he de salir!: ¿Acaso me pides que sufra? el amor no se hizo para los seres como yo.

- Prefiero amar a una idea; que a un ser humano. El amor no es una solución a mis males, ¿O es quizá la solución a todos ellos? ¿Qué importa ya?

- ¡Sabes! si he entrado aquí es porque ya he intentado amar: ¡nunca jamás uno debe amar y entregar su corazón! ¡La vida es una dialéctica entre el amó y el esclavo!

- y es aún más terrible cuando por amor decides entregarte a la esclavitud.

- ¡Sabes!

- no hay mejor forma de ser amado, ¡que ser un cobarde!; un cobarde es quien busca dominar y muestra en su desinterés he indiferencia la importancia que él tiene; ese es el secreto del amor que todos sienten.

(Así le sigo preguntando a este ser, que a pesar de vivir en esta mansión de olvido, es capaz de descifrar el misterio del amor).

- ¡Pero! ¿cómo no amar de esa forma? ¿Existe un amor en pureza?

(El me responde casi con lágrimas en sus ojos).

- Como te he dicho antes: el amor de las pasiones y condiciones, de los medios y los arquetipos, de los estereotipos, de los sueños y aspiraciones.

- Este amor siempre tiene dentro de sí; un amo y un esclavo.

- ¡Te invito a tomar una copa! espero gustes de los vinos fuertes; aquí la vida, tiene un toque de amargo y excitante: ¡Así es todo vino fuerte!

(Una media sonrisa se dibuja en su rostro, y me extiende hacia mí una copa).

- ¡Toma! ¡Y bebe despacio! ¡Que tu garganta no se vea irritada!

- ¡Así! este amor que soñamos nosotros los poetas y los locos; ¡poco tiene que ver con lo que tú conoces!

- No busca la pena, pero tampoco posee la gloria.

- ¡Y si! ¡haz adivinado! parte de mis palabras son dichas por el resentimiento, quizá otras también por el conocimiento, y otras cuantas, por la sabiduría.

- Pero lo que hay siempre tras la desilusión; es el no encontrar lo que buscamos, ¡por eso, es que no he nacido para el amor! ya que nadie es capaz de ver en mi lo que busca.

- ¡No es que yo no pueda amar!; sino más bien, que no puedo amar de esta otra forma, en la que me convierto en amo y señor de ese amor.

-Y sí me preguntas que postura es la del que más ama, te diré que es la del esclavo, Y también este secreto:

No es posible amar, si no eres esclavo, este es el único que puede permitirse el amor: ya que el amo está en permanente alerta: siempre cuidando no perder su postura, su equilibrio; y así es como olvida amar, y así es como también es certero al ver las fallas y defectos; y lentamente se desilusiona y muere.

- Y he aquí una pregunta.

¿Qué haces aquí? ve a vivir, sal de esta mi fría prisión, aquí sólo hay espacio para los viejos libros y las velas a medio quemar.

(Así salí de aquella casa abandonada, no sabiendo si aquel ser allí moriría en la total y oscura soledad, o si yo mismo era quien encontró nada más un espejo y se vio reflejado en el).