Un extraño personaje y sus charlas con el árbol solitario.
Charlas con el
árbol solitario.
Sexto saludo.
El niño, Dios y el
Hombre.
El sol que hoy brilla sobre mí, un sol provisto no
sólo de la calidez del día: sino que también de su profunda soledad.
¡Ho...! Triste la vida de los astros; que solitarios
en la bóveda terrestre, se convierten en solo espectadores de la vida que ellos
mismos proveen.
A mi memoria vienen los recuerdos de la infancia:
¡aquel glorioso estado donde los padres, son tan santos y puros como lo son,
los soles y las lunas distantes!
Ella siempre tan serena y soberbia: incondicional y
rígida como la más tierna mirada; de allí mis gustos hacia las caricias, los
besos y el amor.
¡Y él!: que queriendo siempre iluminar al mundo
entero; olvida en ocasiones todo lo que, por la noche queda en la oscuridad.
¿Si es que existe una sincronía perfecta?: ¡Que
siempre mis ojos tienen una luz que les guíe!
Salgo al patio trasero de esta que he decidido llamar
casa, en el pasillo veo mis viejos libros; ¡mis tablas de sabiduría! De ellas
he aprendido sólo lo necesario: ¡No son ciertamente autores que permitan
endiosar su propia figura!
¡He aprendido a caminar guiado, pero sin permanente
apoyo!
¡Así es como debe ser todo autor de respeto!: que no
quiere en sus lectores una copia de sí mismo; sino a alguien a quien admirar en
el futuro.
Ya en el patio trasero; la hierba y los cálidos rayos
del sol, una banca de madera y, un antiguo sentimiento de tranquilidad.
Veo las casas de los vecinos: en una de ellas un padre
castiga duramente a su hijo.
Sin querer escucho sus regaños y amenazas: le promete
sin dudarlo el futuro castigo, a cambio de su mala conducta.
El niño en su silencioso miedo: sólo es capaz de
quedarse quieto: como estatua temblorosa y resquebrajada, esperando a que
terminen aquellas duras palabras.
Escucha sólo en la superficie de su mente; piensa
únicamente en poder por fin enmendar sus acciones: ¡ver nuevamente los ojos de
regocijo y amor de aquel, padre y sol de sus pensamientos!
Es lleno de todas estas imágenes, que tomo una vieja
cantimplora y encamino mis pasos hacia el árbol solitario.
Abro la puertecilla de madera y me alejo de casa. Me
espera el largo camino hacia aquel en el que he puesto mis ideales.
Una vez llegué donde mi solitario confidente: recordé
que no había comido nada durante el día.
El árbol parecía reír a carcajadas, cuando entre sus
ramas juegan inquietas las ardillas y las aves.
Cae sobre mi pecho un hermoso y delicado fruto: ha
sido justo una ardilla quien lo ha arrojado hacia mí.
¡Ho…! ¡Gloriosa naturaleza!; que sin diferencia de
género, ni condiciones: Es capaz de proteger y alimentar juntamente.
Es aquí cuando entre los múltiples estímulos que
vienen de entre sus ramas, que se dirige a mí el árbol solitario.
- ¡Has mi amigo escuchado alguna vez un canto como
este!
Divino Dios.
Acto 1.
La linterna
alumbra hacia la nada: ¡un infinito destello sin fondo!
¡Los ojos y la
sonrisa que…! ¡Jamás nunca!: De inmensa paz y sabiduría.
Dentro de la
divina mente no hay dolor ni frio filo.
¡El sol que
alumbra siempre, sin existir de verdad!
Es sueño la
materia: una simple imaginación de madera y metal.
Sus ojos y su
nariz: ¡humanos! ¡Hasta lo divino hemos llegado!
¡El divino sol
que alumbra siempre, sin existir de verdad!
Acto 2.
De la cueva y
su oscuridad nace en llanto la luz divina.
El hombre de
la antorcha: ¡con su fuego la curiosidad!
Llueve fuera
el viento: La luz de tremola y temerosa.
En el portal
ilumina la fuente oscura: revela y desaparece el misterio de la sombra.
¡Su propia
alma!: ¡lo divino!: así mismo quiso ver a Dios.
Acto 3.
Rodea al mundo
entero: el Dios de las galaxias y las eras: ¡en tinieblas es que gobierna la
luz!
¡Es un sol!;
que brillando al máximo pareciera, ya más no existir.
¡Canta un
humano!; que conociendo a dios: le ha hallado quieto y sin boca.
Le ha
imaginado de carne, con sus dientes le ha imaginado hambriento.
La luz en la
caverna ha iluminado lo oscuro: Se ha aclarado la morada de las formas.
Nace a la luz
la divina estrella: ¡Que brillando al infinito, no quiere nunca morir!
Ante este misterioso canto del árbol solitario, tuve
que preguntarme su objetivo, ya que para mí lo divino es algo lejano a mis
ideales.
- No entiendo mi compañero tus intenciones, si yo te
he creído lejano a confundirte en este dilema.
El árbol en este instante pareció brillar con una
fuerza; que a pesar de intensa, no cegaba ni ofendía mis pupilas.
Eran los rayos del sol, que a través de sus ramas
daban sentido a todo el universo.
Estaban esta vez sus hojas iluminadas desde atrás: la
luz les atraviesa y puedo ver a perfección sus esqueletos, sus internas y
ocultas figuras.
¡No hay de verdad nada que escape de la profunda y
totalitaria mirada de los rayos solares!
Así responde entonces el árbol a mis dudas.
- ¿Qué es de un niño a la deriva en el cosmos?
- ¿Qué sería de ti…?
- ¡No hay nunca suficiente sabiduría entre los
hombres!, aun pienso que no enseñamos lo necesario a los pequeños.
- El hombre busca como en la infancia a un padre: que
como antaño, responda a todas sus preguntas.
- No quieras negar dentro de ti este deseo, porque
ciertamente no te has aun superado a ti mismo.
- ¡La perfección además de un ideal y un anhelo: es la
base de toda hermosa utopía!
Así le interrogo sobre todo esto que me parece confuso
y misterioso.
- Me dices que Dios es el sustituto de mi padre, y
que; así también espero de él la recompensa y el castigo de los primeros años.
- ¿Pero como podría aun, creer en un futuro glorioso?:
¿si la vida eterna de estos seres, tiene como ideal una pradera luminosa y,
eternas canciones y alabanzas?
- ¿Sino es esto, la nostalgia ante la libertad
perdida?: ¡Aquella época en donde sin ficticios problemas, corríamos por las
llanuras en pos de la caza y la recolección!
- ¡Ho...! ¡Si no he aquí adivinado la esencia de los
idílicos jardines primordiales!
- ¡Ha...! ¡Si no he justo ahora descrito el paraíso!
- ¡Y es que acaso no es esto!; ¿sino la negación ante
un mundo de suplicios?
- ¿De verdad, seremos el más perverso de los
animales?: ¿Y sera cierto también que; nosotros mismos nos hemos inventado los
problemas y, los psicoticos consuelos?
Así las nubes oscurecen los rayos del sol y una leve
depresión acoge los gestos de mi rostro.
Me dice en este instante frio y turbio el árbol
solitario, mientras sus hojas retoman su tono verde oscuro y sereno.
- He visto con tus pensamientos, que haz ahondado
dentro de ti mismo lo suficiente, como para entenderme a plenitud.
- ¡De verdad que la divinidad está muy por encima de
los simples y vanos pastoreos, de los eternos descansos y, la infinita paz!
- ¡Poco tendría yo que decirte de los dioses que tú
has conocido!
- ¡Nunca debes poner dentro de la categoría de Dios,
todas aquellas cosas que escapen de tu comprensión!
- ¡Todo por cuanto el ser humano pueda imaginar, está
dentro de su propia naturaleza: Nuestras creencias no son más, que las
doctrinas de nuestros padres reforzadas por el colectivo!
- ¡El que escape de esta norma, será siempre una oveja
perdida, o en su defecto un paria que,
desgraciado ante los otros, tiene como consuelo el vivir en las altas
montañas!
- Hay dos fuentes de donde nace toda fe: tus padres y
la sociedad de los hombres y mujeres. Te puedes revelar ante alguna de ellas,
esto en mérito de tus propias ideas, o puedes, como en los mayores casos: ser
replica de los murmullos externos a ti mismo: obedecer a toda voz lejana a los
llantos de tu más alta razón.
- El concepto de dios es como el cauce de un rio
caudaloso: lleva este rio dentro de sí; la angelical sonrisa de vuestra madre
y, las condicionales y rígidas miradas de tu padre.
- Si me vas a hablar de un Dios para ti: ¡ve y créalo
mi amigo!, ¡no dejes que nadie lo haga para ti!
- ¡Más me interesa que cosas, ha dado para ti este tu
padre! ¿Has soñado con él?
- ¡Si, mi compañero!: los hombres y mujeres imaginan
en los dioses a sus propios progenitores exaltados al infinito de las
estrellas.
- ¡La familia y la estructura de la vida, tiene en
todo su doble pronunciado en las alturas!
- ¡"Como es abajo, es arriba"!: y no al
revés, como pensaron los sabios de antaño.
- Padres, Madres, Hermanos y engaños; encuentran
también su paralelo en los cielos.
- El pecado e iniquidad que jamás encuentran castigo
en la tierra: ¡son en el infierno causa de aumentados e infinitos pesares!
- ¡Ho…! ¡Como quisiera que de verdad, los malvados
creyeran en dios!
- ¡Y es que estos deshacen con su izquierda, lo que a
gritos proclaman con la derecha!
- ¡Si de verdad creyeran, inaudito sería para ellos
transgredir sus leyes sagradas!
- ¡Si de verdad creyeran, no habrían entonces pecados
sobre la tierra!
- ¡He allí un ejemplo de lo inútil que es; creer que
la moral es propiedad de los dioses!
- ¡He aquí un ejemplo de lo absurdo que es; el ser
bueno a causa del temor a un infierno imaginario!
- ¿Sera que olvidan rápidamente las llamas, cuando de
subito afloran los intereses y el placer?
- ¡Si…! ¡Mi amigo!, ¡este también es mi secreto!: ¡La
fe en lo invisible es la peor de las mentiras posibles!
- Se mienten ellos contra sí mismos, al obligarse a
creer en contra de su propia razón: ¡saben en su más profundo interior que se
engañan descaradamente!
- ¡Han puesto la fe en el altar de lo imposible! ¡Se
han obligado a tener fe: esperan con ello ahogar su propia razón, esperan con
ello una recompensa acorde a su capacidad de creer sin reparos!
- ¡Eso es al menos, lo que prometen sus libros
sagrados!
Así absorbido totalmente por las palabras del árbol le
interrogo.
- ¿Cómo es posible entonces que el hombre crea en
dios?; ¿Si me dices que en su interior niega todo esto?
Las ardillas que jugaban entre las ramas del árbol, de
improvisto quedan quietas y sordas: asi me observan directamente; como si
vinieran de un lejano sueño.
Es entonces que me contesta el árbol solitario.
- ¿Cómo podrías tú, no creer en algo, que encuentra
refuerzos y alabanzas en cada esquina?
- Ninguno de estos mi amigo, quiere aceptar que se ha
mentido a sí mismo. ¡No pueden bajo ningún precepto negar lo que desde niños,
les dijeron era la más inmutable verdad!
- No pueden tampoco renegar de las promesas que en la
superstición, da consuelo a sus pequeñas e infantes almas. ¡La muerte es
siempre un acto del que algunos, por lo infructífero de sus vidas, temen
afrontar con el pecho erguido y una alta sonrisa!
Así digo entonces al árbol solitario.
- Pero entonces mi amigo, ¿cómo explicar todo lo que
me rodea?, ¿cómo dar sentido al aparente orden?
Me responde el árbol mientras una de sus hojas cae y
comienza a girar con el viento: parece entonces como un giroscopio natural.
- ¡La naturaleza toma el sentido que los hombres sean
capaces de dar a la misma!
- El orden aparente de las cosas viene dado por leyes,
que aunque complejas, no necesitan de nadie que les gobierne.
- ¡los infinitos números, que sin guía y sin
emociones, forman secuencias y estructuras perfectas!
- ¡Es lo perfecto el ensayo de la divinidad, y es la
naturaleza ajena a toda perfección!: ¿No basta ya esto como prueba, de lo
lejano que esta la existencia, a toda posible creación divina?
Así le respondo con mis ojos llenos de tímida e
inquietante tranquilidad.
- Esto es lo que en este momento tengo claro mi amigo
y confidente.
- ¡Ya no quiero un bien y un mal dictaminado a los
ojos de un dios creado!: siempre los dominadores tendrán para si un dios acorde
a sus deseos y caprichos: ¡un dios para los sumisos y sometidos, es la perla
más preciosa para todo poderoso dictador!
- ¡Creeré en mí como un actor de la propia vida, y no
en la vida como una obra de teatro montada para probar mis virtudes!
- ¡No es de verdad una prueba en la que me encuentro!
¡Ni mis actos serán recompensados a, este mi propio ser!
- ¡El alma inmortal es la más egoísta idea jamás
concebida! ¡Como si una vida no bastara, o como un consuelo ante la muerte en
vida!
- ¡Es a mis futuros donde van los buenos o los malos
actos de esta mi existencia!, ¡Es a mis futuros donde van entonces mis saltos y
sonrisas de placer!
- ¡Saltaré tan alto, tan, pero tan alto!: ¡a fin de
hacer temblar el universo entero!, ¡que al caer el temblor sea sentido hasta
las más lejanas regiones del futuro humano!
- ¡Así debe pensar todo padre y madre, que ama
verdaderamente a sus hijos!
- Y si me has de preguntar dónde está realmente Dios:
tendré que decir mi amigo: ¡Que tal dios de los niños, no es capaz de existir!
- ¡Es demasiado como un padre, como para no serlo! ¡Y
demasiado pasional, como para estar por encima de nosotros!
- ¿Se desvelará algún día el misterio de un Dios
inimaginable?: ¡fuera de todo panteísmo y deísmo!: ¡tal pues no sería un Dios:
ya que no habría forma de afirmar o, imaginar su existencia!
Una brisilla parece caer lentamente, y las juguetonas
ardillas regresan a sus escondrijos entre las ramas.
¡No son estas lágrimas de tristeza!, ¡sino de regocijo
ante los más grandes misterios!
Se torna entonces el árbol más
sordo y abstracto, ¡quieto ya!, cierra sus susurros al mundo.